Loanny Picado

Juntas parecen indestructibles, su fusión con la playa es la representación metafórica del recibimiento de Poseidón a sus hijas dilectas. Valentina y Candelaria Resano, son las máximas exponentes del surf nicaragüense, y son medallistas de plata y bronce del Surf en estos XI Juegos Deportivos Centroamericanos.

Valentina tiene 13 años de edad y Candelaria con 11 años son un prodigio sobre la tabla. Surfean las olas como si caminaran sobre la arena, con precisión y seguridad. Su vida es feliz sobre la marea que les obsequia maravillosas paredes de agua que puedan surfear.

“En el agua competimos, pero nos ayudamos una a la otra, si yo tomo la primera ola, dejó que mi hermana tome la otra, más que rivales, somos amigas y esa unión nos hace más fuerte”, expresa Valentina.

Para Candelaria es apenas el comienzo de una extraordinaria travesía que a futuro la consolidará como fuerte exponente del surf pinolero.

“Soy una niña, pero creo que con los años mi nivel mejorará muchísimo y espero llegar a unos juegos olímpicos, no en Tokio, pero sí en el 2024”, anhela la menor de las Resano.

Por lo contrario, para la mayor, su meta es llegar a los Juegos Olímpicos en el 2020. Valentina deberá competir contra las mejores del mundo, en este ciclo olímpico que empezó en estos Juegos Centroamericanos.

“Mi sueño es representar a Nicaragua en las próximas olimpiadas, es un reto muy grande, pero tengo tres años más para prepararme mejor y tener la oportunidad de estar en Tokio”, comenta Valentina.

Podríamos decir que Valentina y Candelaria son unas adolescentes trotamundos. A su corta edad han viajado a muchos países, porque su carrera en el surf requiere que esté en constante entrenamiento y roce internacional.

“Los mundiales de surf me han ayudado muchísimo a aumentar mi nivel. En estos eventos puedo viajar a destinaciones buenísimas de surf y también puedo comparar mi nivel con el de los mejores surfistas del mundo. Con tan solo surfear con gente con el nivel tan alto, yo puedo mejorar muchísimo”, explica Valentina.

Para ambas el apoyo de sus padres, en especial de su papá Manuel Resano ha sido primordial. Su padre, principalmente es quien ha estimulado ese sentimiento competitivo en ellas para buscar la excelencia. Llegar al nivel más alto de este deporte que requiere de disciplina y sacrificio.

“Mi mamá y papá son nuestros principales pilares para que seamos más competitivas y siempre por ejemplo mi padre, nos incentiva a seguir mejorando nuestro nivel”, explica Candelaria.

La dupla pinolera, vive en las costas de Salinas en Rivas, lugar donde crecieron desde que eran unas recién nacidas. Nicaragua ha sido su templo y hogar, adoptadas por una nación que las recibió con los brazos abiertos.