Loanny Picado

“Por un pedazo de cielo, mi Nicaragua se formó, por eso es lindo este suelo, el suelo donde nací yo”, más de 15 mil almas en el Estadio Dennis Martínez exclamaron con eufórica voz esa canción que caracteriza el ser nicaragüense. “Soy puro pinolero”, una nación que fue protagonista de los XI Juegos Deportivos Centroamericanos, Managua 2017.

Un proyecto que nació hace cuatro años y que culminó de forma exitosa este 17 de diciembre. Una noche en la que se fusionaron diversas emociones. Ese deseo de continuaran las jornadas deportivas, seguir viviendo esos momentos que han llenado de alegría, que nos robaron una sonrisa, sacado las lágrimas, acelerado el corazón. Esos instantes que sólo los deportistas nos obsequian y que nos hace sentir orgullosos de nuestra nación.

La retrospectiva reflejada en ese video de seis minutos proyectado en la pantalla del estadio llenó de nostalgia y soltaron las lágrimas de todos aquellos atletas que orgullosamente representaron a su país. Esos rostros invisibles, llenos de orgullo y añoranza, que trabajaron detrás de la organización de estos juegos, miembros del comité organizador, los voluntarios, médicos, policías, diseñadores, informáticos, periodistas, editores, fotógrafos, árbitros, miles de personas que unieron sus fuerzas para hacer posibles estos juegos.

Y en cada rincón de Nicaragua se esconderá esa caja de recuerdos, de esos que se guardan en la memoria y que dejan huella en el alma y el corazón. Una Centroamérica unida en un solo sentimiento, dejando al lado sus diferencias, para ser una sola en el continente.

La noche estuvo también protagonizada por miembros del Comité Olímpico de cada país de la región y miembros del Comité Olímpico Internacional. El presidente de Ordeca y del Comité Organizador de estos Juegos Centroamericanos, Emmet Lang recalcó que el corazón de los juegos es de los atletas, de esos súper humanos que nos llenan de gloria.

“Los atletas son el centro de estos juegos, ellos nos llenan de gloria y esperanza. Sin ellos no hay juegos, son los ejes de la unidad Centroamericana”, expresó. La última medalla de la noche, fue entregada a los titanes que ganaron la maratónica carrera de 42 kilómetros y 195 metros que se realizó a primera hora del domingo y que tuvo como ganadores a Luis Carlos Rivero de Guatemala y Jenny Méndez de Costa Rica.

El Himno de Ordeca pautó el inicio del desenlace de la ceremonia. La bandera de Ordeca agitada con alegría por manos de Fidel Moreno, Coordinador General del Comité Organizador que luego pasó a las manos de Emmet Langa y después fue extendida hasta el presidente del comité olímpico del El Salvador, país que será sede de los próximos juegos en el 2021.

Luego, el moderador Enrique Armas, esa voz que nos hacía recordar cada minuto que el final era inevitable. La llama del pebetero se apagó en el estadio y puso fin a los juegos, pero esa llama seguirá viva en cada persona, el espíritu deportivo que nos alienta y nos llena de esperanza por cuatro años, el ciclo olímpico que nos brinda momentos inolvidables en la autoría de los atletas.

¡Hasta pronto Managua! La gran capital nicaragüense, digna anfitriona, famosa novia del inmenso Lago Xolotlán, madre del colosal volcán Momotombo. ¡Hasta pronto Managua! Serás recordada por ser una de las mejores sedes en la historia de los Juegos Centroamericanos, la competencia deportiva más impactante de la región.